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Urbanismo · El Huajuco

Cómo un valle a la salida de Monterrey llegó a los 100 mil habitantes

La delegación Huajuco es, en los hechos, una ciudad mediana metida dentro de otra. Tiene sus propios subcentros, su propia hora pico y su propia lógica.

Cómo un valle a la salida de Monterrey llegó a los 100 mil habitantes
El valle del Huajuco desde el aire · Satélite © Google / Airbus · Maxar

Si la delegación Huajuco —el largo valle que baja de Monterrey hacia Santiago siguiendo la Carretera Nacional— se separara del resto de la ciudad, sería por sí sola una de las ciudades medianas del estado. Ronda los cien mil habitantes. Tiene sus propios subcentros urbanos: Estanzuela al norte, Los Cristales al sur, unidos por la misma carretera que los congestiona. Y tiene, como toda ciudad, su geografía de precios.

El valle creció de adentro hacia afuera y de norte a sur. Lo que hace veinte años era el borde de Monterrey —el último semáforo antes del campo— hoy es un corredor continuo de fraccionamientos, plazas y torres en preventa. La Carretera Nacional, que nació como vía de paso hacia el centro del país, terminó convertida en la calle principal de una ciudad que no figura como tal en ningún mapa administrativo.

Una ciudad mediana metida dentro de otra, con su propia hora pico. La Carretera Nacional terminó siendo su calle principal.

La valorización siguió a la geografía. Las propiedades sobre la Carretera Nacional, San Jerónimo y Cumbres acumulan plusvalía justamente porque están en zonas que todavía se están haciendo: el Cañón del Huajuco es hoy uno de los polos de mayor apreciación de la ciudad. Comprar ahí, durante los últimos años, ha sido comprar futuro a precio de presente.

Pero crecer así tiene costos visibles. Las mismas avenidas que hicieron posible el valle —Garza Sada, Revolución, la Carretera Nacional— son las que se saturan a diario. El estado ha tenido que pensar planes viales específicos para el sur, y el municipio levanta puentes para que la ciudad no se ahogue en su propio éxito. Es la clase de problema que solo tienen los lugares a los que la gente quiere llegar.

Lo más interesante del Huajuco no es que haya crecido, sino cómo. No se expandió como un suburbio dormitorio, de casa y nada más. Se llenó de escuelas, hospitales, centros comerciales, oficinas: las piezas de una ciudad completa. La gente que vive ahí no necesita bajar a Monterrey para casi nada. Y esa autosuficiencia —silenciosa, acumulada colonia por colonia— es la verdadera medida de lo que pasó en este valle.

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